Puente Rojo a Trieste
Puente Rojo a Trieste
di Claudia Carabini
Por muchos años he tenido relaciones de trabajo con la estructura administativa de la Unión Europea, así mi primera idea de Europa fué ésta: un concentrado de burocracias y subterraneas luchas políticas finalizadas a conseguir influencia y poder. Una idea bastante negativa y ni siquiera emocionante.
El projecto fué, sin embargo, para mí un estimulo para la meditación y encontré algo que había perdido: la verdadera idea de Europa, que nació de ideales y valores sovranacionales de paz Estos valores se encuentran , por ejemplo, en el Manifesto sobre Europa, que Altiero Spinelli y otros intelectuales elaboraron durante sus confino en el período fascista. La idea de Europa fué en origen, creo yo, una respuesta a la falta de libertad finalizada al desarrollo humano.
He tratado, entonces, de olvidarme de mi experiencia de adulto y de buscar algo más profundo, personal, antiguo y encontaminado y lo incontré en una fotografía: yo pequeña, entre mi madre y mi tia, sobre el Puente Rojo de Trieste. Trieste era para mí la frontiera del mundo conocido: mi abuela slovena, donde yo pasaba los veranos, vivía detrás de las columnas de Hercules, en tierra extranjera donde se iba después de una larga espera superando una sospeciosa policia aduanera.
Con los años este confin se hizo de nuestro lado más y más inconsistente y en fin desapareció.
Superar los limites nacionales y territoriales, sentirse ciudadanos en lugares distintos de los donde nacimos y vivimos, éste es el valor en el cual se incarna mi idea de Europa. Pero en estos mismos años, al otro lado de Slovenia, he visto surgir otros confines, que ante no existían, creados por la barbarie de la guerra. En una esquina, creo yo, imos fuera de camino
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